Paula Santillan

Todo empezó hace siete años cuando terminé el secundario en el Instituto Fahy y me decido a embarcarme en el mundo universitario.
Desde muy chica había descubierto mi vocación de servicio al otro asique inmediatamente me decidí por medicina. En mi inmadura concepción eran sólo seis años de estudio.. Sólo seis años de viajar a Capital Federal, un sacrificio importante para quien vive a 40 km. En transporte público eran dos horas y media ida y lo mismo de vuelta. A esto se le sumaba el costo económico del transporte, los libros, los útiles.. Ya no se trataba sólo de estudiar.
Acá nació el primer contratiempo, fue por todo esto que me postulé como solicitante de una ayuda económica a la ASSJ, después de algunas entrevistas me la concedieron. Desde ese día hasta terminar mis estudios me acompañaron en el camino.
¡Ya estaba lista! Resuelto el problema económico ahora todo dependía de mi.
Sin embargo, pasado el CBC, ingreso a la Faculta de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y ahora nacía otro conflicto: no podía adaptarme, estaba agotada, no llegaba a los exámenes, a leer, las clases multitudinarias me agobiaban. Y ahora mi vocación se había convertido en frustración, en agotamiento, en mal humor… Y otra vez aparece la ASSJ, Patty, Marcela y Brenda me acompañaron otra vez en otra decisión importante, a ampliar el panorama, medicina no lo era todo y tampoco estaba siendo feliz entonces era momento de dejarla con toda la incertidumbre que eso representaba.
Ahora empezaba otro camino, me anoté en la Técnicatura Universitaria en Hemoterapia e Inmunohematología.
A partir de acá todo cambió, fueron dos años que disfruté, crecí y me formé. Fue tan así que esto se vio reflejado en mi rendimiento académico y la Universidad me postula junto con otros compañeros  para terminar mi formación en el Hospital Italiano de Buenos Aires y otra vez el sacrificio dio sus frutos ya que el Hospital me contrata luego de recibirme  y hasta el día de hoy me encuentro trabajando allí. Por lo que pude mudarme a Capital Federal a sólo seis cuadras de mi lugar de trabajo, algo impensado para quien viajaba cinco horas por día.
Después de este punto mi relación con la Asociación era de agradecimiento por haberme ayudado en lo económico pero más aún por no dejarme sola, acompañarme y contener en este enorme desafío de ser quien queremos ser.